Oh, Sagrado Corazón de Jesús,
fuente inagotable de amor, de luz y de paz,
me presento hoy ante Ti, con todo lo que soy,
con mis alegrías, mis debilidades, mis heridas y mis esperanzas.
Vengo a beber del fuego de tu corazón divino,
donde arde sin cesar un amor más fuerte que la muerte,
más dulce que todo consuelo,
más fiel que las amistades humanas.
Tú que te dejaste traspasar por el amor hacia mí,
Tú cuyo corazón permaneció abierto para nunca cerrarse,
Acógeme tal como soy.
Derriba en mí los muros del miedo, del resentimiento, de la indiferencia.
Vierte en mi alma la ternura que cura,
la fuerza que eleva, la paz que reconcilia.
Dame un corazón como el tuyo:
suave, humilde, compasivo, ardiente de caridad.
Sagrado Corazón de Jesús,
Me consagro a Ti sin reservas.
Toma mis pensamientos, mis palabras, mis acciones.
Sé el rey de mi corazón, el dueño de mi vida,
la luz de mis decisiones, el descanso de mis luchas.
Enséñame a amar como Tú:
a perdonar sin contar el precio,
a entregarme sin esperar,
a esperar a pesar de todo.
Tú que eres el amigo de los pecadores,
el refugio de las almas cansadas,
el pastor que no cesa de buscar a la oveja perdida,
Te confío a mis seres queridos, a mi familia, a los que sufren,
a los que están lejos de Ti, a los que ya no creen en nada.
Toca sus corazones, ilumina su camino, rodéalos de Tu misericordia.
Oh Corazón ardiente de amor,
escóndeme en Ti cuando todo se vuelva demasiado pesado,
cuando caigan las pruebas, cuando la duda me abrume.
Sé mi fuerza en la debilidad,
mi luz en la noche,
mi paz en el tumulto.
Virgen María, Madre del Sagrado Corazón,
Tú que has guardado fielmente todos los misterios en tu corazón,
guíame cada día hacia tu Hijo.
Enseñadme a meditar su palabra,
a adorarle en la Eucaristía,
a servirle en mis hermanos.
O Sagrado Corazón de Jesús,
Te amo, te bendigo, te doy gracias.
Me encomiendo a Ti, hoy y siempre.
Reina en mí, reina en mi casa,
reina en tu Iglesia y en el mundo entero.
Amén.