Abuelos del Mesías
Santa Ana y san Joaquín son los padres de la Virgen María y, por tanto, los abuelos maternos de Jesucristo. Aunque no se les menciona en los Evangelios canónicos, su historia nos ha sido transmitida por los Evangelios apócrifos, en particular por el Evangelio de Santiago. Estos textos antiguos, aunque no se reconocen como inspirados, han alimentado la tradición y la devoción cristianas desde los primeros siglos.
Joachim y Ana vivieron en Jerusalén, o tal vez en Galilea, según algunas tradiciones. Eran piadosos, generosos con los pobres, fieles a la ley judía, pero su pareja sufrió una gran pena: no tuvieron hijos. En la cultura judía de la época, esto se consideraba una desgracia, un signo de desgracia divina. Llevaron esta carga en oración y esperanza.
Un nacimiento prometido por Dios
Un día, cuando Joaquín ha ido al desierto a rezar y ofrecer sacrificios, se le aparece un ángel para anunciarle que Dios ha escuchado sus plegarias: su esposa Ana va a concebir un hijo bendecido por Dios. Al mismo tiempo, Ana recibe el mismo anuncio en su casa. La alegría del reencuentro entre los dos esposos es inmensa y, pocos meses después, María nace en su casa.
Este nacimiento milagroso, esperado y bendecido, es visto como una prefiguración de la Encarnación. Porque en este terreno de oración, paciencia y fe pura crecería la mujer que se convertiría en la Madre del Salvador. Ana y Joaquín educaron a María en la fe y la consagraron desde muy joven al servicio del Templo.
Modelos de fe y confianza
Santa Ana y san Joaquín son un modelo para matrimonios, padres y abuelos. Encarnan la paciencia en la prueba, la confianza en Dios incluso cuando todo parece infructuoso y la importancia de transmitir la fe en la familia. Sus vidas sencillas y silenciosas, todas orientadas hacia Dios, prepararon discretamente el camino para el gran misterio de la Encarnación.
La tradición afirma que Santa Ana murió antes de la Pasión de Jesús y que descansa en Jerusalén. En cuanto a Joaquín, se le celebra con ella, aunque su culto es posterior.
Una devoción popular muy fuerte
El culto a Santa Ana fue particularmente fuerte en Oriente a partir del siglo IV, y luego en Occidente a partir de la Edad Media. Se le dedicaron numerosas catedrales, capillas y santuarios, como los de Auray en Bretaña, Sainte-Anne-de-Beaupré en Quebec, Apt y Düren en Alemania.
Es la patrona de las abuelas, las madres, las mujeres embarazadas y las parejas que esperan un hijo. Joaquín es invocado con ella por las familias y la transmisión de la fe. Juntos, nos recuerdan que la santidad puede nacer en una vida humilde y fiel, en la espera silenciosa y la confianza absoluta.
Oración a santa Ana y san Joaquín
Santa Ana, san Joaquín,
recibisteis de Dios la gracia de ser los padres de María,
y los abuelos de Jesús, el Salvador del mundo.
Vivisteis en humildad, fe, paciencia.
En vosotros, Dios preparó su gran plan.
Hoy te encomendamos a todas las familias,
a todos los matrimonios que anhelan tener hijos,
a todos los abuelos y educadores.
Ayúdanos a vivir una fe sencilla, fuerte, arraigada.
Santa Ana, vela por las madres y los niños.
San Joaquín, protege a los padres y los hogares.
Que tu amor fiel y tu confianza en Dios
iluminen nuestro camino y fortalezcan nuestros vínculos.
Amén.