Un misterio de fe y esperanza
La Asunción es el dogma según el cual la Virgen María, al final de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo. Este misterio no se relata en la Biblia, pero procede de una tradición muy antigua, ampliamente compartida por los cristianos de Oriente y Occidente.
Expresa la fe de la Iglesia en la santidad única de María, Madre de Dios, llena de gracia, preservada del pecado y unida íntimamente a su Hijo hasta el final. Ella es la primera criatura que conoce la plenitud de la resurrección, el icono de la Iglesia glorificada.
El dogma de la Asunción fue proclamado el 1 de noviembre de 1950 por el Papa Pío XII en la constitución apostólica Munificentissimus Deus. En ella afirmaba solemnemente que:
"María, la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, después de completar el curso de su vida terrena, fue elevada a la gloria celestial en cuerpo y alma"
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Una tradición viva desde los primeros tiempos
Desde los primeros siglos, los cristianos celebraron el final de la vida de María no como una muerte trágica, sino como una "Dormición", un paso suave y luminoso hacia Dios. Los textos antiguos evocan el anuncio de su partida, la presencia de los apóstoles a su alrededor y su elevación a la gloria.
Los orientales hablan de la "Dormición" de María, los occidentales de su "Asunción". Pero todos afirman que María no podía conocer la corrupción de la tumba, pues había llevado en sí misma la Vida misma.
Los primeros santuarios dedicados a este misterio estuvieron en Jerusalén, en el valle del Cedrón. Desde el siglo VI, la Iglesia universal celebra esta subida al Cielo con alegría y alabanza el 15 de agosto.
Fiesta de la luz y del consuelo
La Asunción nos dice que la muerte no es el final, que el Cielo no es un sueño sino una promesa. Al contemplar a María elevada en la gloria, descubrimos nuestra propia vocación: reunirnos un día con Dios en la alegría eterna.
Es también un mensaje de esperanza para los cuerpos heridos, sufrientes, olvidados. María nos recuerda que nuestros cuerpos son preciosos a los ojos de Dios, que están llamados a la resurrección, a la luz, a la gloria.
María, ya en la gloria, vela por nosotros, reza por nosotros, intercede por la humanidad. Es nuestra Madre, nuestra Hermana, nuestro modelo. Donde ella está, nosotros estamos llamados a estar.
Una fiesta popular y radiante
El 15 de agosto es una de las mayores fiestas marianas del año. En Francia, es también una fiesta civil y nacional, instituida por Luis XIII en 1638 cuando consagró el reino a María.
Cada año, miles de fieles participan en procesiones, peregrinaciones y misas solemnes, especialmente en Lourdes, París (Notre-Dame), Marsella (Notre-Dame de la Garde), o Chartres, Rocamadour, La Salette...
Es un día de alegría, oración y confianza, en el que confiamos a María nuestras familias, nuestra patria, nuestros sufrimientos y nuestro futuro.
Oración para el día de la Asunción
Santa María,
tú que has sido elevada a la gloria del Cielo,
te saludamos con amor y confianza.
Tú que dijiste "sí" a Dios en todo momento,
guíanos por el camino de la obediencia y de la fe.
Tú que llevaste en tu seno al Salvador del mundo,
haz crecer en nosotros la vida de Jesús.
Tú que ya estás en la luz,
recuérdanos que nuestra vida no termina aquí abajo.
Consuela a los afligidos, levanta a los desanimados,
protege a los que dudan e intercede por los pecadores.
O María, nuestra Madre,
acógenos bajo tu manto y llévanos a tu Hijo.
Amén.