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La historia de San Agustín

artículo publicado en 24/03/2026 en categoría: Vida de los santos
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San Agustín, uno de los más grandes pensadores del cristianismo, nació el 13 de noviembre de 354 en Thagaste, una pequeña ciudad de Numidia, en la actual Argelia. Su padre, Patricio, era pagano y funcionario del Imperio Romano, mientras que su madre, Mónica, era una ferviente cristiana que ejerció una profunda influencia en la vida espiritual de su hijo. Desde niño, Agustín destacó por su aguda inteligencia y su insaciable curiosidad. Su madre le enseñó la fe, pero como joven ambicioso y ávido de placeres, pronto se alejó de ella.

Agustín.

Enviado a Cartago para continuar sus estudios de retórica, Agustín se dejó seducir por la vida mundana y las filosofías de su tiempo. Llevó una existencia desordenada, buscando la verdad en los placeres, la gloria y los sistemas humanos de pensamiento. A los diecisiete años, tomó como compañera a una joven con la que tendría un hijo, Adéodat.

La búsqueda de la verdad y los errores de juventud

Durante su juventud, Agustín se adhirió al maniqueísmo, una doctrina religiosa que pretendía explicar el mundo a través de la lucha entre la luz y las tinieblas. Creía que proporcionaba una respuesta racional a las grandes cuestiones de la vida. Sin embargo, al cabo de varios años, descubrió las contradicciones y limitaciones de esta filosofía. Decepcionado, abandonó poco a poco estas creencias y se acercó al escepticismo.

Su brillante inteligencia le abrió las puertas de una prestigiosa carrera. Profesor de retórica en Roma y luego en Milán, fue admirado por su elocuencia. En Milán conoció al obispo san Ambrosio, cuya sabiduría y dulzura cambiarían su corazón. A través de su predicación y su ejemplo, Ambrosio le hizo vislumbrar un cristianismo inteligente y profundo, capaz de unir razón y fe.

La conversión

Fue una larga lucha interior la que llevó a Agustín a la conversión. Sentía en su interior la lucha entre su apego a los placeres mundanos y su deseo de la verdad eterna. En sus Confesiones, describe este momento con las famosas palabras: "Señor, hazme casto, pero no todavía".

Un día, en un jardín de Milán, atormentado por la duda, oye la voz de un niño que le dice: "Toma y lee". Abrió entonces la Biblia y se encontró con un pasaje de la carta de San Pablo a los Romanos: "Revestíos del Señor Jesucristo y no busquéis satisfacer los deseos de la carne." Fue una revelación para él. La luz de Dios penetró en su alma: Agustín decidió dejarlo todo para consagrarse a Cristo.

Recibió el bautismo la noche de Pascua del año 387, de manos de san Ambrosio, al mismo tiempo que su hijo Adéodat. Poco después, su madre Mónica murió en Ostia, feliz de ver cómo su hijo volvía por fin a Dios.

Vida monástica y episcopado

A su regreso al norte de África, Agustín se retiró a Thagaste, donde fundó una pequeña comunidad monástica. Allí llevó una vida de oración, estudio y convivencia. Ordenado sacerdote en 391 y obispo de Hipona en 395, dedicó el resto de su vida al servicio de la Iglesia.

Pastor cuidadoso y maestro apasionado, predicó incansablemente, defendiendo la fe contra las herejías de su tiempo y escribiendo obras de excepcional profundidad espiritual y filosófica. Entre sus obras más importantes se encuentran Las confesiones, un conmovedor relato de su viaje hacia Dios, y La ciudad de Dios, una meditación sobre la historia humana y el destino eterno del alma.

El pensamiento y el legado de Agustín

San Agustín es a la vez un místico y un filósofo. Enseñó que Dios habita en el corazón de cada hombre, y que la verdadera paz sólo puede encontrarse en el amor divino. Su célebre frase resume toda su búsqueda: "Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti"

Su inmensa obra ha dejado huella tanto en la teología como en la filosofía occidentales. Sentó las bases del pensamiento cristiano sobre la gracia, la libertad, el mal y la relación entre el alma y Dios. A lo largo de los siglos, muchos santos, teólogos y pensadores -entre ellos Santo Tomás de Aquino, Pascal y Lutero- se han inspirado en sus enseñanzas.

San Agustín murió en Hipona el 28 de agosto de 430, mientras la ciudad estaba sitiada por los vándalos. Su fe permaneció inquebrantable hasta el final. La Iglesia lo celebra el 28 de agosto, el día de su nacimiento en el cielo.

San Agustín murió en Hipona el año 430, mientras la ciudad era asediada por los vándalos.

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