Desde hace siglos se invoca a Nuestra Señora de la Liberación como la que libera a las almas oprimidas, rompe las cadenas del mal y protege a los que sufren. Actúa como una madre atenta, servicial en el desamparo, compasiva con sus hijos atrapados por el miedo, la enfermedad, la angustia o el pecado. Rezarle es pedirle a la Virgen María que intervenga poderosamente en nuestras vidas para librarnos de todo lo que nos aleja de Dios.
Dios.
O Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Liberación, refugio de las almas atormentadas y auxilio de los afligidos, acudo a ti con confianza y humildad. Mira mi vida, mis heridas y mis cadenas invisibles. Tú conoces mis luchas interiores, mis miedos y mis debilidades. Tú que eres la Madre de misericordia, extiende sobre mí tu manto de luz y líbrame de todo lo que me impide amar y servir a tu Hijo.
Oh Madre amantísima, que pisoteaste la serpiente del mal, ven y rompe las cadenas que me atan. Líbrame del desaliento, la desesperación, la ira y el orgullo. Libera mi corazón de todo resentimiento, cura mis antiguas heridas, aleja de mí el espíritu de división, el miedo y la mentira.
Nuestra Señora de la Liberación, ilumina las tinieblas de mi alma con la luz de Cristo. Que tu maternal intercesión repela toda influencia del mal y devuelva a mi vida la paz, la alegría y la confianza. Obtén para mí la fuerza de perdonar, la gracia de resucitar y el valor de seguir fielmente el camino del Evangelio.
OH Virgen todopoderosa, Madre del Redentor, protege mi hogar, mi familia y a todos los que amo. Que tu presencia mantenga nuestros corazones unidos en la fe y que tu bendición aleje las desgracias y las asechanzas del enemigo.
María, Nuestra Señora de la Liberación, tú que eres la liberadora de los cautivos y el consuelo de las almas oprimidas, me encomiendo totalmente a ti. Intercede por mí ante tu Hijo Jesús, para que me libre completamente del mal y haga de mi vida un testimonio de paz y de amor.
O dulce Madre, guárdame bajo tu protección y condúceme por el camino de la luz. Que un día pueda cantar eternamente contigo la gloria de Dios en el Reino de los Cielos.
Amén.