Viernes Santo: en el corazón de la cruz, el silencio de Dios
Un silencio más fuerte que todos los discursosEl Viernes Santo es un día aparte. Un día en el que todo parece detenerse. La Iglesia no celebra misa. Las campanas callan. El altar está desnudo. El sagrario está vacío. Todo está desnudo, silencioso, serio. Y, sin embargo, en este silencio resuena el grito de amor más grande de toda la historia: el de Cristo que da su vida. Nada brilla, nada consuela, nada tranquiliza. Sólo hay un hombre, en una cruz, en lo alto de una colina abandonada, que lleva consigo todo el dolor del mundo. No huye. No maldice. Ama. Hasta el final. Hasta que no le queda nada más que dar que su vida.
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