Rezar la Divina Misericordia es entrar en una relación viva y confiada con el Corazón de Jesús, tal como se reveló a santa Faustina Kowalska en los años treinta. No es una oración reservada a los místicos o a los santos: está abierta a todos. Jesús quiso que fuera sencilla, accesible, pero poderosa, para todos los tiempos y especialmente para el nuestro, marcado por tantos sufrimientos, conflictos y pérdidas de orientación.
Jesús prometió gracias excepcionales a quienes acudieran con confianza a su misericordia. Pero, ¿cómo rezar concretamente a esta Divina Misericordia? ¿Qué formas se sugieren? ¿Cuáles son las disposiciones del corazón que hay que cultivar? He aquí las principales formas de rezar a la Divina Misericordia.
El corazón de la oración: confianza y misericordia
En primer lugar, Jesús pide dos cosas esenciales para orar por su misericordia:
Confianza total en Él.
Misericordia hacia los demás, en nuestras acciones, palabras y oraciones.
Rezar la Divina Misericordia no es simplemente recitar fórmulas, sino abrirnos profundamente al amor de Cristo, creer que ningún pecado es mayor que su gracia y comprometernos a vivir nosotros mismos esta misericordia a diario.
La Coronilla de la Divina Misericordia
La Coronilla de la Divina Misericordia es la oración central revelada a Santa Faustina. Se reza con un rosario tradicional, como el rosario. Esta oración puede rezarse en cualquier momento, pero se recomienda especialmente a las 3 de la tarde, la hora de la muerte de Jesús en la Cruz.
Cómo rezarla:
Sobre el crucifijo, haz la Señal de la Cruz, luego reza un Padre Nuestro, un Ave María y el Credo.
En las cuentas grandes (las del Padre Nuestro), diga:
"Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero."
En las cuentas pequeñas (las del Ave María), reza diez veces:
"Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero"
Repite estas oraciones durante las cinco decenas del rosario.
Termina con tres veces:
"Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Eterno, ten misericordia de nosotros y del mundo entero"
Esta oración es una poderosa forma de intercesión. Jesús prometió que aplacaría la ira divina, obtendría gracias para los moribundos y que ninguna alma sincera se iría con las manos vacías.
La Hora de la Misericordia: rezar a las 3 de la tarde
Jesús pidió a Sor Faustina que rezara todos los días a las 3 de la tarde, la hora de su muerte en la Cruz. Esta "hora de la Misericordia" es un momento privilegiado, una cita de amor entre el Salvador y cada alma.
Podemos rezar de diferentes maneras:
Hacer una breve oración: "¡Jesús, confío en Ti!"
Meditar la Pasión de Cristo.
Rezar la Coronilla de la Misericordia.
Leer un pasaje del Evangelio de la Pasión.
Este momento no requiere una larga oración, sino una presencia del corazón, un acto de fe en el amor salvador de Cristo.
La novena a la Divina Misericordia
Jesús también pidió que se rezara una novena especial durante los nueve días que preceden a la fiesta de la Divina Misericordia (que tiene lugar el domingo después de Pascua). Cada día está dedicado a una intención particular, por diferentes grupos de personas: pecadores, almas del purgatorio, sacerdotes, almas tibias, etc.
En cada día, se reza la Coronilla de la Misericordia, precedida de una intención dada por Jesús en las revelaciones a Sor Faustina. Esta novena es un acto de amor universal, una ofrenda de misericordia para toda la humanidad.
Veneración de la imagen de Jesús Misericordioso
Jesús pidió que su imagen, revelada a Faustina, fuera venerada con fe. Promete grandes gracias a quienes oren ante ella con confianza.
La imagen representa a Jesús de pie, con dos rayos que brotan de su Corazón: el rayo pálido para el agua (el bautismo), el rojo para la sangre (la Eucaristía). Bajo sus pies, la inscripción:
"Jesús, en Ti confío"
Rezar ante esta imagen, aunque sea simplemente, en silencio o con palabras del corazón, es una manera de abrirse a la ternura de Jesús. Puede instalarse en casa, en un rincón de oración, o llevarse consigo en forma de medalla o tarjeta.
Oración con obras: vivir la misericordia
Orar la Divina Misericordia no se limita a las palabras. Jesús insistió:
"Si un alma no practica la misericordia, no alcanzará mi misericordia"
Por eso, rezar la Divina Misericordia significa también pasar a la acción:
Perdonar a quienes nos han hecho daño.
Ayudar a los pobres, a los enfermos, a los aislados.
Visitar a un anciano o a una persona que sufre.
Ofrecer el propio sufrimiento por las almas en pena.
No juzgar, sino bendecir e interceder.
Estos sencillos gestos son otras tantas oraciones encarnadas, que irradian la misericordia de Dios en el mundo.
En conclusión: una oración para nuestro tiempo
Rezar la Divina Misericordia es sumergirse en un océano de amor, donde Dios no mira lo que hemos sido, sino lo que somos capaces de llegar a ser si confiamos en Él. Es una oración poderosa, adecuada a nuestros tiempos heridos, ofrecida a todas las almas, sean cuales sean sus debilidades.
Nos enseña que el amor siempre triunfa, que el perdón nos hace libres, y que Jesús nos espera a cada uno con un corazón que arde de amor.
Por eso, cada día, no dudemos en susurrar esta oración que abre las puertas del cielo:
"Jesús, confío en Ti"
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