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¿Por qué rezar a la Divina Misericordia?

artículo publicado en 05/09/2025 en categoría: Oración
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La Divina Misericordia no es una devoción más: es una llamada urgente del Cielo, un regalo del Corazón de Jesús para nuestros tiempos heridos, atribulados y sedientos de perdón. Rezar la Divina Misericordia no es simplemente recitar palabras: es entrar en un movimiento de amor, abandonarse a la ternura de Dios y participar en su obra de salvación para el mundo entero.

Jesús mismo reveló esta devoción a santa Faustina Kowalska, una humilde monja polaca, en los años treinta. ¡A través de ella, el Señor transmitió al mundo una oración, una imagen, una fiesta, una hora y una actitud interior: la de la confianza absoluta en su amor, y la de la misericordia activa hacia el prójimo.

Santa Faustina!

Pero, ¿por qué rezar específicamente a la Divina Misericordia? Qué aporta a nuestra vida espiritual, a nuestra vida cotidiana, a nuestras luchas interiores? He aquí las profundas razones que hacen de esta oración un tesoro inestimable para nuestro tiempo.

1. Porque Dios es misericordia

Primero y ante todo, rezamos la Divina Misericordia porque revela la identidad misma de Dios. Como bien dijo el Papa Francisco:

"El nombre de Dios es misericordia"

Ya en el Antiguo Testamento, Dios se presenta como "lento a la cólera, rico en amor y misericordia" (Ex 34,6). En el Nuevo Testamento, Jesús encarna plenamente esta misericordia: cura, perdona, levanta, consuela, hasta el don total de su vida en la Cruz.

Rezar la Divina Misericordia es reconocer que Dios no se cansa nunca de amarnos, incluso en nuestra más profunda pobreza. Significa volver a Él con confianza, seguros de que su mirada nunca es acusadora, sino siempre reparadora.

2. Porque todos necesitamos el perdón

Porque todos necesitamos el perdón. Porque todos necesitamos el perdón

Ningún ser humano está exento del pecado, del egoísmo, de las heridas del corazón. Y a menudo llevamos cargas interiores: culpa, vergüenza, resentimiento, arrepentimiento. La Divina Misericordia es un bálsamo para los corazones rotos, un refugio para los pecadores, un camino de sanación.

Jesús dijo a Santa Faustina:

"Cuanto mayor es la miseria de un alma, tanto más derecho tiene a Mi misericordia"

Rogar esta misericordia no es huir de nuestras debilidades, sino ofrecérselas a Jesús para que Él las transforme. Significa entrar en un camino de liberación interior, y aprender a perdonar a los demás como somos perdonados.

3. Porque el mundo necesita paz

Vivimos en un mundo marcado a menudo por la violencia, las guerras, las injusticias, las divisiones, los dramas familiares y sociales. Ante esto, rezar a la Divina Misericordia se convierte en un poderoso acto de intercesión.

Jesús le dijo a Faustina que esta oración podía calmar la justicia divina, salvar almas y llevar la paz a los corazones y a las naciones. Mediante la Coronilla de la Divina Misericordia, los fieles pueden interceder por los demás, ofrecer sus sufrimientos y participar en la obra de la redención.

4. Porque prepara nuestros corazones para el encuentro con Dios

La muerte forma parte de la vida, pero sigue siendo un misterio temido. Jesús prometió a santa Faustina que las almas que rezaran a la Divina Misericordia -especialmente en la hora de su muerte- recibirían gracias especiales: paz interior, misericordia total y la presencia del mismo Salvador.

Rezar a la Divina Misericordia es vivir cada día a la luz de la eternidad, preparándonos para encontrarnos con Dios no como un juez severo, sino como un Padre amoroso que nos abre sus brazos.

5. Porque es una escuela de confianza

La oración de la Divina Misericordia se basa en una única actitud:

"Jesús, confío en Ti"

Esta confianza no es ingenua. Está arraigada en la certeza de que Dios nos ama tal como somos, de que actúa incluso cuando no comprendemos del todo y de que su misericordia es más grande que todas nuestras limitaciones.

En las pruebas, en las incertidumbres, en las noches del alma, esta oración se convierte en un ancla, en una luz. Nos enseña a abandonar nuestros miedos, a poner nuestra vida en las manos de Dios, a avanzar en paz y esperanza.

6. Porque nos impulsa a amar concretamente

La Misericordia divina no sólo se vive en la oración, sino también en la acción. Jesús dijo:

"Si un alma no practica la misericordia, no alcanzará mi misericordia"

Orar esta misericordia es comprometernos a:

perdonar a los que nos han ofendido,

ayudar a los pobres, a los enfermos, a los aislados,

consolar a los que sufren,

orar por los vivos y por los difuntos.

La misericordia se convierte así en un estilo de vida, una forma de amar, un testimonio concreto de fe.

En conclusión: una oración para hoy y para siempre

Rezar la Divina Misericordia es acoger el amor más profundo que existe. Es reconocer que, a pesar del mal, del sufrimiento o de la oscuridad, Dios sigue amando, salvando, perdonando.

Es una oración para el corazón, para la familia, para la Iglesia, para el mundo entero. Puede vivirse en el silencio de una habitación, en una iglesia, junto a la cama de un moribundo, o en el tumulto de la vida cotidiana.

Es sencilla, humilde, accesible, pero infinitamente poderosa, porque brota del Corazón abierto de Cristo.

"Jesús, confío en Ti"

- Que esta oración se convierta en el aliento de nuestras vidas.

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