El primer justo según las Escrituras
San Abel aparece en los primeros capítulos del Génesis. Es el segundo hijo de Adán y Eva, hermano menor de Caín. Mientras Caín era agricultor, Abel era pastor. Ambos ofrecen un sacrificio a Dios: Caín el producto de la tierra, Abel el primogénito de su rebaño.
El texto nos dice que Dios ve con buenos ojos la ofrenda de Abel, pero no la de Caín. Esta preferencia divina provoca ardientes celos en Caín, que acaba matando a su hermano en un arrebato de odio. Se trata del primer asesinato de la historia de la humanidad, y Abel se convierte así en el primer inocente que derrama su sangre.
Pero la Escritura nos dice que la sangre de Abel clama a Dios desde la tierra (Gn 4:10). Este grito silencioso se convierte en un poderoso símbolo: Abel encarna al justo perseguido, el testigo silencioso de la inocencia despreciada.
La sangre de Abel es la sangre de Dios.
Una figura profética
En la Epístola a los Hebreos, Abel es presentado como un hombre de fe:
"Por la fe ofreció Abel a Dios un sacrificio mejor que el de Caín... y por ella habla todavía, aunque muerto." (Heb 11:4)
Abel se convierte así en el prototipo del justo, del creyente, del mártir. No habló, no exigió justicia, pero su fe y su sacrificio siguen hablando hoy. El propio Jesús se refiere a Abel en el Evangelio de San Mateo, denunciando la violencia contra los profetas:
"Desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías..." (Mt 23,35)
La Iglesia vio en Abel una figura de Cristo mismo: inocente, ofrecido, silencioso, víctima de los celos, y cuya sangre derramada clama por la redención del mundo. Pero donde la sangre de Abel exige justicia, la sangre de Cristo trae el perdón (cf. Hb 12,24).
Un santo venerado desde los primeros tiempos
Aunque no es un "santo" en el sentido canónico (no fue canonizado como los santos posteriores), Abel es venerado como santo desde los primeros tiempos de la Iglesia. Aparece en las primeras letanías de los santos y su nombre se menciona en la liturgia.
También es una figura de referencia para los mártires: el primero que dio su vida por fidelidad a Dios, indefenso, sin odio, en la verdad.
Su culto se ha desarrollado en ciertas tradiciones cristianas de Oriente y Occidente. A veces se le representa como un joven que lleva un cordero, símbolo de su ofrenda sacrificial y de su inocencia.
¿Patrón de qué?
San Abel es invocado como patrón de los pastores, de las víctimas de la injusticia, de los mártires silenciosos y de las personas asesinadas por odio o celos. También es modelo para todos los que viven en la discreción, la fidelidad y la fe profunda.
Su memoria nos recuerda que la santidad no está en la grandeza visible, sino en la pureza de corazón y la ofrenda silenciosa.
Oración a san Abel
San Abel,
primer justo,
que ofreciste a Dios las primicias de tu rebaño,
enseñadnos pureza de corazón,
donación sincera y fe silenciosa.
Tú, cuya sangre clama desde la tierra,
intercede por las víctimas de la violencia,
por los oprimidos, los humillados, los inocentes perseguidos.
Sé el protector de los olvidados,
y el ejemplo de las almas rectas y fieles.
Enseñadnos a ofrecernos con confianza,
incluso en el silencio,
incluso en el dolor,
porque Dios ve el corazón y bendice lo que está oculto.
San Abel, amigo de Dios,
ruega por nosotros.
Amén.