Una cumbre de luz
La Transfiguración es un acontecimiento relatado en los tres Evangelios Sinópticos (Mateo 17, Marcos 9, Lucas 9). Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y los lleva a un monte alto. Allí, ante sus ojos, se transfigura: su rostro brilla como el sol, sus vestidos se vuelven blancos como la luz. Moisés y Elías aparecen hablando con él.
Los apóstoles están asombrados, deslumbrados y asustados. Pedro grita:
"¡Señor, qué bueno es que estemos aquí!"
Pero ya una nube luminosa los envuelve, y se oye una voz:
"Este es mi Hijo amado, en quien me complazco: ¡escúchenlo!"
Entonces todo vuelve a ser como antes. Jesús toca a sus discípulos, los tranquiliza y les pide que no hablen de esta visión hasta después de su resurrección.
Un anticipo de la gloria
La Transfiguración no es un milagro más. Es un destello de divinidad en la humanidad de Cristo, una revelación de su verdadera naturaleza. Jesús, verdadero hombre, es también verdadero Dios, y aquí revela su gloria a sus discípulos para fortalecer su fe ante la prueba de la cruz.
Este acontecimiento tiene lugar, de hecho, poco después del anuncio de su Pasión: Jesús prepara a sus apóstoles para atravesar las tinieblas, dándoles la luz de su divinidad como apoyo y esperanza.
Al mismo tiempo, la presencia de Moisés (la Ley) y Elías (los Profetas) muestra que todo el Antiguo Testamento converge en Cristo. Él es el cumplimiento de las Escrituras, a quien Dios pide que escuchemos.
Una fiesta antigua y radiante
La fiesta litúrgica de la Transfiguración se celebra desde los primeros siglos en Oriente, en particular en la Iglesia bizantina, donde es una de las grandes solemnidades. Más tarde se extendió a Occidente, y el Papa Calixto III la extendió a toda la Iglesia latina en 1457, en acción de gracias por una victoria cristiana contra los turcos.
Celebrada el 6 de agosto, esta fiesta nos invita a contemplar el rostro glorioso de Cristo, a levantar los ojos al Cielo, a recordar que nuestra fe no es una cruz sin luz, sino un camino hacia la gloria de Dios.
Es también una llamada a la transformación interior: Cristo nos llama, también a nosotros, a ser transfigurados por su luz. La oración, la contemplación, la fidelidad en la prueba, nos hacen poco a poco semejantes a Él.
Una fiesta de luz y esperanza
La Transfiguración es una respuesta a nuestras dudas, a nuestro cansancio, a nuestro desánimo. Nos muestra que detrás de la cruz está la gloria, y que la luz del Resucitado ya está hoy con nosotros.
Es también una pedagogía divina: Jesús no escatima la cruz, pero nos muestra que la meta es la resurrección. A través de él, Dios nos dice:
"No os detengáis en las apariencias. Esto es lo que llegaréis a ser en mí. Esta es mi luz, mi belleza, mi paz"
Oración para el día de la Transfiguración
Señor Jesús,
en la montaña, revelaste tu gloria a tus apóstoles.
Haz brillar tu luz eterna en nuestros corazones.
En nuestros días oscuros, sé nuestro resplandor.
En nuestras dudas, sé nuestra seguridad.
Enseñanos a contemplarte en la oración,
a escucharte en el silencio,
y a seguirte en la esperanza.
Que tu Transfiguración nos transforme,
que tu gloria habite en nosotros,
y que tu luz brille en nuestras vidas.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.