Cristo Misericordioso es la revelación perfecta del amor infinito de Dios por la humanidad. En su mirada llena de ternura, en sus heridas abiertas y en el torrente de luz que brota de su corazón, descubrimos la fuente del perdón y de la paz. Dirigirnos a Jesús Misericordioso es abandonarnos a su bondad, confiarle nuestras culpas, nuestras penas y nuestras esperanzas, y acoger la gracia de su amor infinito.
En su mirada llena de ternura, en sus heridas abiertas y en el torrente de luz que brota de su corazón, descubrimos la fuente del perdón y de la paz.
Oh Jesús misericordioso, fuente viva de amor y esperanza, acudo a Ti con todo lo que soy: mis debilidades, mis heridas, mis defectos y mis deseos más puros. Tú conoces mi corazón mejor que yo mismo y, sin embargo, nunca dejas de amarme. Mírame con compasión, lava mis faltas y haz que el torrente de Tu misericordia fluya sobre mi alma.
Señor, Tú que abriste Tu Corazón en la Cruz para derramar sobre nosotros los rayos del perdón y de la gracia, te ofrezco todo lo que vivo, todo lo que llevo, todo lo que temo. Concédeme encontrar en Ti la verdadera paz, la paz que no viene del mundo, sino de Tu Espíritu Santo.
Jesús, confío en Ti. Incluso cuando todo parece perdido, incluso cuando el silencio me pone a prueba, elijo creer que Tu amor es más fuerte que mi oscuridad. Ven y cura mis heridas interiores, reconcilia lo que está roto en mí, y transforma mi dolor en una ofrenda de amor.
O Corazón de Jesús, ardiente de misericordia, atrae hacia Ti a todos los que dudan, que sufren, que se sienten indignos de amor. Que nadie se pierda de Tu ternura. Haz de mí un instrumento de Tu paz, un testigo de Tu perdón y de Tu bondad hacia todos.
Señor Jesús, que Tu imagen Misericordiosa sea para mí un refugio y una luz. Que los rayos rojos y pálidos que brotan de Tu corazón me envuelvan y me fortalezcan. En mis luchas, sé mi fuerza; en mis dudas, sé mi verdad; en mis debilidades, sé mi vida.
Te ofrezco todo, oh Jesús Misericordioso: mis alegrías, mis lágrimas, mis luchas y mis silencios. Derrama sobre mí y sobre el mundo entero los tesoros infinitos de Tu amor. Que Tu Nombre sea glorificado para siempre en los corazones de los que Tú salvas, y que todos vivamos unidos a la luz de Tu divino Corazón.
Jesús, en Ti confío.
Amén.