Oh, glorioso San Antonio de Padua,
en este día en que la Iglesia celebra tu memoria,
nos dirigimos a ti con confianza y gratitud.
Tú, que has dedicado tu vida a anunciar la Palabra de Dios,
a consolar a los afligidos y a socorrer a los más pobres,
concédenos la gracia de seguir tu ejemplo
en la fe, la humildad y la caridad.
San Antonio,
fiel amigo de Cristo,
enséñanos a buscar ante todo los tesoros del cielo
y a poner nuestra confianza en Dios en todas las circunstancias de nuestra vida.
Cuando estemos desanimados,
sostén nuestra esperanza;
cuando estamos en la prueba,
fortalece nuestro valor;
cuando estamos en la duda,
ilumina nuestro camino.
En este día de fiesta,
te confiamos a nuestras familias,
a nuestros seres queridos,
a las personas enfermas, aisladas o necesitadas,
así como a todos aquellos que buscan la paz y el consuelo.
Intercede por ellos ante el Señor
para que reciban las gracias que necesitan.
Tú, a quien se conoce como el santo de las causas difíciles,
presenta a Dios las intenciones que hoy llevamos en nuestro corazón.
Que su voluntad de amor se cumpla en nosotros
y que sepamos acoger sus dones con gratitud.
San Antonio de Padua,
concédenos un corazón generoso,
atento a los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas,
y siempre dispuesto a servir con alegría.
Que tu ejemplo nos ayude a crecer cada día en la santidad,
para que algún día podamos compartir contigo
la alegría eterna junto a Dios.
Oh, San Antonio,
vela por nosotros,
guíanos hacia Jesús,
y acompáñanos por el camino de la paz.
San Antonio de Padua, ruega por nosotros.
Amén.